Inflación, la palabra que hace eco en el bolsillo

Economía Opinión

Por Contador Jorge O. Valle

La economía está orientada a la formulación de políticas que tiendan a la satisfacción de las necesidades, con recursos que siempre van a resultar escasos para lo que deseamos.

Todos, de alguna manera, participamos de la economía: producimos, vendemos, compramos, consumimos, ahorramos, invertimos, etc. Ante esta situación, resulta importante darle claridad a algunos conceptos, vinculados con la inflación.
La definición de inflación es muy conocida, de tanto repetirla; en definitiva, consiste en el aumento generalizado y sostenido del nivel de precios, de un conjunto de bienes y servicios que adquieren los consumidores.

Respecto de las causas, existen diversas explicaciones. Así, están quienes consideran que el Estado gasta más de lo que recauda, esto genera el denominado déficit fiscal, dando origen a mayor emisión de moneda argentina. Sugieren como solución: congelar y/o disminuir salarios y otros gastos, que consideran muy elevados; o, aumentar los impuestos y todo acotado por la emisión. Estas políticas ya han sido aplicadas en varias oportunidades, sin resultados satisfactorios. En 2001 casi no hubo inflación, pero se produjo una explosión social de magnitud, con elevado aumento de la tasa de desempleo y de los niveles de pobreza e indigencia.

Desde otra visión, se considera que incide en la suba de la inflación, la denominada puja distributiva, que es posible con crecimiento económico y que se trata de la disputa por obtener una porción del excedente social que, ante la falta de acuerdos, puede llevar a sucesivos aumentos de precios. Algo de esto muestran los indicadores de 2021, donde el Producto Bruto Interno (PIB) tuvo un importante crecimiento de más del 10%, que no se reflejó en la mejora de los salarios; es decir, los empleadores se quedaron con una parte mayor, en el reparto de la riqueza que se produjo.

Otros autores, hacen mención a lo que denominan inflación importada, que aparece cuando los precios aumentan por la devaluación de nuestra moneda o por incremento de los valores internacionales. Los exportadores ganan más vendiendo al exterior y aspiran a que lo que venden en el mercado interno tenga igual precio. Los importadores trasladan sus mayores costos a nuestro País.
Debe ser considerado, también en las causas de la inflación, la acción de los grupos oligopólicos (grandes empresas de un mismo sector, formadoras de precio, que se unen y fijan los valores y las cantidades que les permitan obtener la mayor ganancia).
Es habitual que muchos artículos que no tienen ningún insumo importado, ahora cuestan mucho más. No deberían existir fundamentos para justificar esta situación, pero es consecuencia de una actitud especulativa, o la explicación es que no saben a qué costo van a reponer su stock y aquí aparece un factor fundamental en la economía, que son las expectativas (positivas o no), sobre el futuro de su sector o de lo qué va a ocurrir en el País.

 

Posibles herramientas para transitar un camino de solución a la inflación.

En economía no hay una sola medida aislada que pueda resolver los problemas, tienen que darse un conjunto de acciones, con las que se enfrente a los que se favorecen con la inflación, a costa del deterioro de la situación de gran parte de los ciudadanos.
Para los economistas “ortodoxos”, que consideran que el déficit fiscal es el único motivo que justifica la inflación, ya que debe ser financiado con emisión; la mayor cantidad de dinero, frente a bienes y servicios que permanecen constantes es el determinante de los aumentos de precios. Esto implica mantener un concepto de simplificar la economía, para analizar sólo algunas variables (céteris páribus). Considerar que la oferta de bienes no puede aumentar, en nuestro País, es una falacia, por cuanto existe capacidad ociosa en las plantas industriales y un nivel de desocupación, que permitiría el aumento de la producción sin inversiones en activo fijo. Además, países muy importantes, como por ejemplo Estados Unidos de Norteamérica y Australia tienen déficit (más altos que los que se registran en Argentina) y, sin embargo, los precios no tienen aumentos.

La escuela económica identificada como “estructuralista”, plantea que la inflación es un problema de muchas causas (multicausal). Entre éstas, es significativo desmitificar que los aumentos de salarios, son los que generan inflación. La llamada puja distributiva tiene un gran efecto muy negativo para los trabajadores, ante la forma de proceder de los empleadores. La realidad es que las mipymes son los que utilizan más del 70% del empleo de mano de obra y, ante un aumento de la remuneración, la incidencia en los costos es de sólo el 25%. Las grandes empresas, que producen con capital fijo intensivo y hasta robotización, el aumento salarial repercute en un 5% en la estructura de costos; cada vez que estas firmas trasladan a sus productos, ante una suba de salarios, un aumento superior al 5%, están obteniendo una ganancia extraordinaria y son causales de más inflación.

Si las empresas no aumentan su producción, actuando con la mecánica de los monopolios, constituyen lo que se denomina oligopolio. En nuestros País, son pocos los monopolios, pero son varios los oligopolios. Su forma de proceder es: determinar la cantidad a producir que más ganancia les genere y luego distribuyen el mercado, según lo que pacten entre los integrantes de este grupo. La consecuencia es que aumentan los precios y disminuyen las cantidades que se ofrecen al mercado, afectando el abastecimiento y con menores puestos de trabajo (más desocupación). En los países más importantes existen leyes que controlan a estos grupos, para evitar los efectos negativos en la economía (menor producción y trabajadores y precios mayores). Libre mercado sí, pero también leyes antimonopolios (u oligopolios).

Lo que se denomina inflación importada se produce con los bienes transables; es decir, aquéllos que se comercializan en el mercado internacional, en una devaluación o por aumento de los precios internacionales, determinan que los exportadores ganan más y quieren vender al exterior o lo que venden en el País a los precios que obtienen afuera. Es necesario desacoplar los precios de las exportaciones, de los del mercado interno ya que los consumidores del País no pueden acceder a esos productos, con ese nivel de aumento. Se deben aplicar derechos de exportación o fijar cupos, que permitan abastecer a la ciudadanía con valores accesibles a sus ingresos.

Las expectativas negativas, que trata de agravar la oposición, de la situación de Argentina, cargando la responsabilidad en el Gobierno, toma mayor importancia por la influencia de los medios de comunicación hegemónicos, que son un factor que subjetivamente tienen un gran efecto cuando existe inflación. La ciudadanía manejando esta información, estima que debe comprar rápido, porque en unos días los precios serán mayores y, si alguien puede, forma un stock. Ante esa demanda, las empresas consideran que aún están en condiciones de aumentar más los precios y todo genera un efecto inercial que repercute en el aumento de la inflación. Lograr que haya un efecto de expectativas positivas, será muy importante, porque el público dejaría de comprar a cualquier precio, ahorraría y mejoraría la situación de presión que actualmente tiene la demanda.

 

Algunas consideraciones sobre las posibilidades futuras

En estos momentos la economía real está trabajando (no a pleno), pero recuperando los valores de pre-pandemia. Estamos muy lejos de la hiperinflación de 1989 y de la híper-recesión de 2001/2002. No obstante, hay una situación de crisis, consecuencia del elevado endeudamiento y de la pandemia, además de “errores no forzados” del Gobierno actual de la Nación.

Hay perspectivas de comercio internacional favorable y en 2023 cumpliremos 40 años de democracia, un elemento muy importante en nuestra historia. Sólo cabe pensar en términos positivos que de la crisis económica y social que estamos viviendo, se sale por arriba, como en los laberintos.

El crecimiento concertado y solidario, transformado en desarrollo, debe brindar las respuestas necesarias para bajar los índices de pobreza, marginación, exclusión y destrucción del aparato productivo. En este contexto, el Pueblo va a colaborar para superar las turbulencias de la tormenta, que estamos presenciando; pero, la consigna es clara, si existe un costo, lo debemos pagar todos.