¿Qué pasará en las elecciones de este año?

Política

 

Faltan varios meses para las elecciones y las cartas comienzan a ponerse sobre la mesa. Ni el cálido verano consiguió frenar la intensidad de la confrontación, sobre todo al interior de Juntos por el Cambio.

El interrogante que se plantea es si ya están definidas las candidaturas, o si es posible que aparezcan sorpresas en los meses que restan hacia las PASO. En la Argentina todo puede cambiar en cuestión de días. ¿Será este el caso?

Una vez producido el autoapartamiento de Cristina de las listas electorales, el juego dentro del oficialismo aparece bastante despejado. Si la economía se recupera, Sergio Massa debería ser el candidato indiscutido, y ya consiguió cumplir su primera meta al cerrar el año con 6 puntos de inflación por debajo de los tres dígitos. Sin embargo, al referirse al tema el pasado jueves en un acto en la Provincia de Entre Ríos,  se encargó explícitamente de negar su intención de postularse.

«Mi carrera en este momento es con la responsabilidad que tengo. Es una carrera para bajar la inflación y hacer crecer a la economía porque bajar la inflación no puede suponer enfriar la economía.»-indicó.

Para concluir: «No me suban a otra carrera porque nuestra carrera es el del crecimiento y desarrollo económico de Argentina.»

Las afirmaciones de Massa están en sintonía con el diagnóstico que maneja Cristina Fernández: el ministro no estría interesado en entrar en esa competencia en 2023. Ni lerda ni perezosa, animó a Daniel Scioli a empezar a armar su propia candidatura. “Pichichi” es un soldado siempre dispuesto a dar combate, aunque sea para poner la cara en una derrota que el crisitinismo cree irreversible. Y de paso le pone una piedra en el zapato a Alberto Fernández, quien ve surgir, de la nada, a un competidor dentro de su propio espacio, más popular y menos desacreditado que él.

Aunque no pueda considerarse como definitiva, la liquidación de la fórmula oficialista que parecía cobrar forma, Massa-De Pedro, se encuentra en un estado muy avanzado.

¿Habrá internas? ¿Entre quiénes? Alberto y Scioli ya están anotados, pero todo indica que no competirán entre ellos.

Por el lado de Juntos por el Cambio las aguas están mucho más agitadas y no de ahora, Pero tampoco parece que puedan esperarse mayores sorpresas. Horacio Rodríguez Larreta dedicó buena parte de su tiempo a emitir señales de desafío –y hasta de burla- a Mauricio Macri. En el cambio de año lo visitó en Cumelen, sólo para confirmar que el ex presidente no tenía decidido si candidatearse o no. La procrastinación rayana en la perversidad de Mauricio juega a favor del alcalde porteño, quien no cesa de sumar a “halcones”, hasta ayer macristas, reconvertidos en “palomas” larretistas desesperados por la alternativa de que su futuro político pueda llegar a cancelarse.

Sin importarle la opinión de Macri, el Jefe de Gobierno porteño tuvo un acto conjunto con Gerardo Morales en Mar del Plata. Y el día después emitió una señal clarísima con la foto “beatle” del Abbey Road marplatense, encabezando el cruce de una calle con Morales, Martín Lousteau y Diego Santilli, emulando a los cuatro fantásticos de Liverpool.

De este modo, Rodríguez Larreta confirmó su determinación de cerrar un acuerdo con la UCR, y que incluso no le molestaría que la CABA pase a manos de los “boina blanca”. También que Santilli es número puesto en Provincia y que el Presidente de la UCR tiene todas las fichas a favor para completar la fórmula presidencial. Todas comprobaciones indigestas para Mauricio y Patricia Bullrich, que pasan por un momento de pésima relación personal. Mauricio no se baja y ella no puede ascender más allá de alguna encuesta contratada que indica que aún tiene chances.

Si finalmente Macri decidiera jugar, los datos que maneja Rodríguez Larreta le aseguran que ganaría la interna 64 a 40. Y si decide bajarse por mucho tiempo será un outsider. Rodríguez Larreta fue muy explícito al señalar que no estaba dispuesto “a ser el Alberto de Macri”.

Así las cosas, el alcalde porteño deberá estar atento a las operaciones de inteligencia y los intentos de manipulación de la opinión pública desde los consorcios mediáticos que aún le responden al ex presidente. No sería la primera vez.

Otra novedad que permite componer el universo electoral es la presentación conjunta de Juan Manuel Urtubey y Juan Schiaretti de una alternativa presidencial que surgirá de una interna entre ambos. El cerebro de la operación es nada menos que Guillermo Seita, consultor experto en asesorar a todos los que no son cristinistas a la vez, cuya experticia consiste en restarle al Frente para la Victoria, de Todos, o como se denomine, los puntos indispensables para salir derrotado. Nunca consiguió que un candidato suyo se impusiera, pero todo el “anti-cristinismo” lo tiene en cuenta.

Mientras tanto, Javier Milei hace la plancha en un mar calmo. Por ahora se limita a aprovechar las disputas ajenas que terminan sumándoles votos, pero no tiene una estrategia electoral agresiva y ha detenido su crecimiento. El libertatario tiene un serio problema con el armado territorial, y lo tendrá con la defensa de los sufragios que obtenga en la mesa de votación. Su comité de campaña demuestra enorme capacidad para reiterar desaciertos, por lo que su suerte final es toda una incógnita.

Queda la izquierda, aunque su voto nunca supera la condición de testimonial. Seguramente confirmará o, incluso, mejorará sus resultados electorales de las legislativas de 2021, pero sólo es un problema para el Frente de Todos, ya que allí podría comerse muchos votos de cristinistas decepcionados.

En definitiva, falta mucho todavía para las elecciones de 2023, pero hay muchas señales que podrían sugerir que la pelea real sería entre Rodríguez Larreta y Daniel Scioli, que Milei terminará como árbitro de la definición, y que Urtubey y Schiaretti tendrán alguna clase de compensación en el cuatrienio próximo.

Aunque spoilear el futuro siempre resulte una opción temeraria.