• 10/01/2026 21:52

¿China se cansó?

Ene 3, 2026

La guerra comercial internacional que disimula el escenario de Tercera Guerra Mundial denunciado en su momento por el Papa Francisco avanza a pasos agigantados. En el marco de esa disputa, China decidió imponer un sistema de cuotas a sus socios comerciales y un arancel del 55%, lo que afecta a una de las principales fuentes de ingreso de divisas de nuestro país, y pone en riesgo de crisis al sector ganadero argento.
Si bien las medidas que entraron en vigencia el 31 de diciembre de 2026 y se extenderán inicialmente por tres años no sólo están dirigidas a la Argentina, afectarán significativamente al sector ganadero de nuestro país. La decisión fue presentada como una “medida de salvaguardia” aplicable a la carne vacuna importada, e incluirán cuotas específicas por país y un arancel adicional del 55 % para las importaciones que excedan esos volúmenes.
El Ministerio de Comercio chino adelantó además que las cuotas anuales asignadas a cada país se irán ampliando gradualmente. De este modo, para el caso argentino el cupo de importación inicial será de 511.000 toneladas, a las que se les continuará aplicando un arancel del 12,5%, pero en caso de incrementarse el comercio ese volumen adicional será cargado con una tasa del 55%. Este año la Argentina exportó un total de 654.800 toneladas, de las cuales 458.360 toneladas se transaron con el gigante asiático.
El cupo asignado a la Argentina es significativamente menor al otorgado al Brasil, socio de la China en los BRICS, que arrancara con 1,1 millones de toneladas. Uruguay, por su parte, tendrá una cuota de 324.000 toneladas, en tanto que Australia y Estados Unidos deberán conformarse con 200.000 y 164.000 toneladas en cada caso. Las cuotas no utilizadas durante un año calendario podrán acumularse para el siguiente. Del incremento arancelario quedarán excluidos los países en desarrollo cuya cuota no supere el 3 % del total de importaciones y cuyo peso se mantenga por debajo del 9 %.
El comunicado oficial explica que el aumento exorbitante de la importación de carne vacuna pone en riesgo la producción ganadera china, por lo que se decidió aplicar algunas de las medidas de protección temporal consideradas por la Organización Mundial del Comercio (OMC). Esta decisión incluye asimismo la suspensión temporal de los mecanismos de salvaguardia específicos previstos en el acuerdo de libre comercio entre China y Australia.
Las medidas son consecuencia de una investigación iniciada en el mes de diciembre de 2024 por indicación de las asociaciones de productores ganaderos chinos, sobre el impacto del colosal incremento de las importaciones de carne vacuna sobre la industria de ese país. De la misma surge que las importaciones crecieron casi un 65 % entre 2019 y 2023, y que superaron el 100 % en la primera mitad de 2024 contra los datos de 2019, constituyendo más del 30 % del total comercializado.
Investigaciones similares también se han llevado a cabo sobre otros rubros como el cerdo, lácteos o brandy procedente de la Unión Europea, como respuesta a las restricciones arancelarias impuestas por la UE a la importación de vehículos eléctricos chinos.
Para el caso del vacuno, sin embargo, el Ministerio de Comercio aclaró que las medidas no están dirigidas contra países concretos, sino que sólo pretenden proteger a la producción local. Según datos oficiales, China es el mayor importador mundial de carne vacuna, con un récord de 2,87 millones de toneladas en 2024, aunque cayeron un 9,5 % interanual en la primera mitad de 2025, ante la presión del sector ganadero de ese país, que formuló reclamos insistentes sobre la rentabilidad de la actividad y la reducción de la capacidad reproductiva correspondiente.
A diferencia de lo que sucede en nuestro país, donde el gobierno de Javier Milei estimula la destrucción del aparato productivo local, los puestos de empleo y los ingresos de los trabajadores con su irracional política de apertura indiscriminada de importaciones, la mayoría de los países ha optado por proteger su producción y su mercado interno, aplicando subas de aranceles, cuotas de importaciones y acuerdos bilaterales. Esa ha sido la política desarrollada desde el primer día de su gobierno por Donald Trump o la diseñada por la UE para evitar la inundación de sus mercados por autos eléctricos chinos. Ahora le llegó el turno a China, con su fabulosa incidencia en el mercado internacional. Pero las autoridades argentinas no lo entienden, miran para otro lado o directamente apuntan a destruir la producción nacional. No sólo bailan en la cubierta del Titanic, sino que piden bises para seguir haciéndolo en medio del inevitable naufragio.