Mientras que el mundo define un nuevo orden geopoilìtico que ya ha reemplazado al derecho internacional por la supremacía del más fuerte, la Argentina continúa con su naufragio económico y financiero a paso acelerado.
Los U$D 4200 millones que el gobierno deberá pagar por los vencimientos de los Bonos AL29 y Al30 se presentan como una meta de difícil cumplimiento que no podrá esquivarse. Ni el superávit ficticio, ni las políticas económicas, han conseguido generar los recursos para afrontar los pagos. Algunos especulan con un nuevo repo de bancos internacionales, otros con nuevos manotazos sobre los encajes de los depósitos de los privados. El gobierno sigue gastando lo que no tiene y va cerrando el cìrculo alrededor suyo. Las nuevas políticas oficiales para evitar nuevos retrasos del dólar son la confesiòn lisa y llana de su incapacidad para contener su subida con los modestos recursos de los que dispone.
Este lunes el Tesoro salió a comprar U$D 21 millones, según lo anunciado para ir incrementando las arcas oficiales, pero la presión sobre el tipo de cambio obligó a que tanto el Tesoro como el Banco Central salieran a vender para contener la suba. Al fin de la rueda volvieron a comprar una suma ínfima. Pero la estrategia contradice los compromisos asumidos con los organismos internacionales, por lo que el riesgo país volvió a subir, el dólar mayorista también, y las finanzas pùblicas, lejos de engrosarse, siguen deteriorándose.
Mientras que Javier Milei no conseguía reponerse de su ridícula interpretación sobre la intervención armada de los EEUU en Venezuela, que fueron desmentidas inmediatamente por el propio Donald Trump, Para peor, se dio a conocer un informe letal del Congreso Norteamericano sobre la Argentina, en el que se advierte que la principal fuente de divisas de Argentina es el saldo restante de su línea de swaps de divisas con Estados Unidos. Para el poder legislativo norteamericano, las alternativas para nuestro país son la devaluación o el default.
“Si el gobierno de Milei se encuentra sin las divisas suficientes para realizar los pagos de su deuda y mantener los objetivos de la política cambiaria, probablemente enfrentará decisiones políticas difíciles, como si incumplir su deuda por décima vez o permitir una mayor flexibilidad en el valor del peso”, se advierte en tono de catástrofe. Para agregar inmediatamente que: “La principal fuente de divisas de Argentina es el saldo restante de su línea de swaps de divisas con Estados Unidos. Los activos en divisas del Banco Central se compensan en gran medida con los pasivos en dólares, y Argentina no cuenta con un superávit comercial sólido que genere entradas de divisas”.
El informe advierte que las posibilidades de conseguir nuevos salvatajes del FMI o del Gobierno Norteamericano, son “inciertas”, tanto por la recurrencia del gobierno argentino en solicitarlas como por el incumplimiento de sus compromisos.
“Miembros del Congreso expresaron su preocupación por el apoyo financiero estadounidense a Argentina”, revela el informe, ya que esas políticas “perjudican a los exportadores estadounidenses que compiten con Argentina en los mercados globales (en particular, en el caso de la soja y otros productos agrícolas; mientras que el apoyo estadounidense pone en riesgo el dinero de los contribuyentes, dados los persistentes desafíos económicos de Argentina y sus patrones de impago”. Adicionalmente cuestionan la decisión de Trump de condicionar la asistencia financiera estadounidense a los resultados electorales, lo que implica una “influencia indebida” en una elección democrática extranjera.
Si algo ha dejado en claro el ataque a Venezuela ha sido que la política exterior norteamericana está subordinada a su política interna. Este año Trump tiene un complicado desafío electoral de medio tèrmino, y dilapidar recursos para apoyar a un ridículo presidente perdido en los confines del mundo no parece sumarle votos.
Por esta razón los parlamentarios norteamericanos ponen en duda esos nuevos salvatajes, e, incluso, la continuidad de un swap del que desconocemos monto y condiciones de contrapartida. Ya Milei ganó la elección, por lo que no habrìa urgencia para distraer a la plana mayor del gobierno de los EEUU en mantener una ayuda que podría volvérsele perjiudicial para la gobernanza de su país.
De este modo, una vez más la alternativa de devaluación o default parece volver a aparecer en el horizonte argentino. La misma que estaba presente antes de la intervención preelectoral de Donald Trump y Scott Bessent. Por cierto que no se resolverá inmediatamente, ya que el pago de los vencimientos de este viernes está asegurado, aunque sea apropiándose de los ahorros privados. Pero al gobierno le esperan nuevos y mayores vencimientos en lo que resta de este año y del año próximo, y ya ha quedado claro que las autoridades argentinas no tienen predicamento alguno en Washington.
Mientras que el gobierno argentino insista en mantener su estrategia de saqueo financiero y destrucción de la economía productiva, vivirá pendiente de un delgado hilo que se estrecha cada vez mas. La actualización de las bandas relacionada con la inflación, sumada a la aplicación de nuevos indicadores del costo de vida, parecen garantizar un incremento significativo de los indicadores inflacionarios, que afectará a Milei en el tramo decisivo previo a las elecciones presidenciales de 2027.
Por detrás de las declaraciones triunfalistas, la precariedad económica y financiera se acentúa. El gobierno está muy lejos del paraíso, y una vez aceptada que la supremacía del más fuerte será la regla de las relaciones internacionales, su alianza resultará cada vez menos significativa para la estrategia geopolítica norteamericana.
Lejos del paraíso
