El gobierno nacional cerró la semana con un triunfo contundente en el Senado, que le permitió dar media sanción a la Reforma Laboral y a la baja en la imputabilidad de los adolescentes. Sin embargo, en el frente económico y financiero la situación sigue siendo muy complicada, ya que el propio ministro Luis Caputo debió anunciar que se viene un duro trimerstre, a consecuencias de la constante caída de la recaudación y el agotamiento del crédito.
Los gobernadores, muchos de los cuales acompañaron al gobierno en la aprobación de esas iniciativas, se encontraron con un nuevo cuello de botella. Las autoridades porteñas fueron las primeras en enterarse: «Vamos a tener un trimestre sin plata», les advirtió el ministro, en medio de la negociación del plan de pagos de la deuda de la Nación con la CABA.
Sabido es que este gobierno es muy mal pagador: se compromete a realizar pagos y contraprestaciones a cambio de votos legislativos que a menudo no cumple, aunque pese a eso le siguen creyendo. En los últimos tiempos el presidente Milei se comprometió a enviar $ 100.000 millones para combatir la catástrofe provocada por los incendios, pero nunca los envió. Tampoco envió un centavo para contribuir a financiar el aumento a la policía santefesina que permitiera superar su rebelión. Ni siquiera se transfirieron los prometidos pagos del PAMI a las clínicas patagónicas. Y, para completar, no se envió un solo peso en ATN a las provincias desde el inicio de este año.
Como sucede desde la llegada a la presidencia de Javier Milei, las autoridades insisten en que “no hay plata”. Una vez más, esto no se debe a un incremento del gasto público, sino a que los ingresos de la población se contraen desde entonces. Cada trabajador privado ha perdido en promedio $ 2 millones y los públicos más de $ 10 millones, sin contar las decenas de miles de despidos. Producto de la política oficial, la recaudación no deja de caer producto del enfriamiento de la economía y la estanflación galopante. La economía se achica sin solución de continuidad y los ingresos públicos necesariamente la acompañan. Y a esto debe sumarse el achicamiento de canillas proveedoras de ingresos públicos como la suspensión de retenciones, la reducción de aranceles a las importaciones y la baja de impuestos internos.
Como consecuencia, la recaudación cayó el 7,4% a precios constantes respecto del año anterior, lo que llevó al ministro Caputo a declarar que «Vamos a tener un trimestre sin plata», a la espera de las nuevas liquidaciones del campo. Hasta ahora, durante 2025 e inicios de 2026 el aporte de dólares procedentes del lanzamiento de Obligaciones Negociables (ON) por parte de las empresas aportaron divisas que permitieron que el Banco Central iniciara su política de compras con caída incluida de la cotización de los diversos tipos de dólares, pero la demanda de los inversores ya demuestra señales de agotamiento. Para revertirlo haría falta una política agresiva de crédito e inversión, pero la oferta de dinero para proyectos de largo plazo es muy cara y cada vez más acotada. Para peor, las expectativas del gobierno de obtener una nueva cosecha récord han sido puestas en cuestión por las proyecciones del Servicio Meteorológico, y en el gobierno ya evalúan por nuevos manotazos desesperados como bajar nuevamente las retenciones a cero para impulsar al campo a liquidar.
Tampoco ha ayudado a calmar a los mercados la decisión de suspender la aplicación del nuevo índice del INDEC, lo que permite seguir definiendo indicadores de inflación al gusto del ministro Caputo. Hasta el padre de la dolarización, difundió una imagen demoledora sobre la Argentina en la que cuestiona esa intervención. «La inflación de Argentina al rojo vivo con un 32,4% anual», tituló.
El próximo trimestre será sin dudas complicado y la multiplicación de la protesta social y laboral no puede descartarse. Por ahora el gobierno celebra su victoria legislativa, pero los mercados y la economía real morigeran sensiblemente ese injustificado optimismo.
Otra vez, “no hay plata”
