Apenas 20 días atrás, el gobierno argentino se regodeaba del “amplio acuerdo comercial” con los EEUU, que reducía considerablemente los aranceles recíprocos y permitía ampliar las exportaciones de un amplísimo conjunto de bienes, incluida la carne vacuna. El documento fue presentado como una “victoria clave para el presidente Javier Milei”, conseguida gracias a los “estrechos vínculos” establecidos con el presidente Donald Trump, que permitiría abrir la economía de nuestro país, en un contexto en el que las economías mundiales se cierran para proteger su aparato productivo, sus puestos de trabajo y su mercado interno, empezando, naturalmente, por los EEUU.
“Hoy la Argentina dio una señal clara al mundo: somos un socio confiable”, sostuvo con énfasis el canciller Pablo Quirno, y este juicio fue repetido por propios y aliados por entonces. La primera consecuencia del “logro” no se hizo esperar: los precios de la carne vacuna continuaron con la escalada incontenible iniciada el año pasado. Una vez más, el gobierno celebraba las decisiones que impactan directamente en el empobrecimiento de nuestra sociedad.
Pero, tal como suele suceder, los pretendidos hitos de este gobierno se disuelven como el agua entre las manos. El fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos, en el que se declaró la ilegalidad de la política de aranceles globales de Donald Trump, invalidó el acuerdo y ubicó automáticamente a la Argentina en el grupo de países con mayores aranceles (15%), pulverizando la ventaja competitiva que había obtenido sobre Brasil. De un plumazo, el tratado bilateral quedó atrapado en un “limbo jurídico”.
En una master class sobre la división de poderes en el sistema republicano, la Corte de los EEUU invalidó del 15% impuestos por Trump a nivel global, y remató su sentencia estableciendo en la Sección 122 que el Ejecutivo no puede aplicar aranceles selectivos, para garantizar que se trate de una medida uniforme y no discriminatoria. La decisión impactó directamente contra la principal herramienta comercial y diplomática utilizada por Trump a lo largo de su gestión, y abre las puertas a reclamos judiciales por miles de millones de dólares por parte de los, hasta ahora, perjudicados.
Pero también la Corte le recordó a Trump que no puede llevarse puestas a las instituciones y al sistema de división de poderes de los EEUU, ya que la política arancelaria es competencia del Congreso y no del Ejecutivo. De un plumazo el presidente norteamericano pudo comprobar que gobernaba los EEUU y no la Argentina u otros países de mínima calidad institucional.
La decisión de la Corte norteamericana perjudica considerablemente al gobierno argentino, que ya no tiene nada para celebrar en tono festivo, a diferencia de lo que sucedía poco más de doso semanas atrás. Ahora deberá someterse a ese 15% general, mientras que por ejemplo Brasil, que había sido sancionado con aranceles del 40% -aunque con algunas excepciones, como en el caso de la carne-, también quedará con el 15%. Las ventajas comparativas que había aportado la sumisión quedaron pulverizadas.
La especialista en Relaciones Internacionales Julieta Zelicovich indicó que el “acuerdo bilateral con EE.UU. hoy está en un limbo porque los compromisos que Estados Unidos asumió con Argentina en ese acuerdo dejaron de tener validez jurídica dentro de los Estados Unidos”. De este modo, las excepciones otorgadas por Trump en el marco del IEPA (declarado inconstitucional) desaparecen. La “Argentina puede de manera subordinada decir que siguen vigentes, pero lo cierto es que fue un acuerdo asimétrico donde a Argentina se le piden reformas legislativas profundas y lo que Estados Unidos pone sobre la mesa no son más que unos decretos de baja calidad jurídica e institucional dentro del andamiaje jurídico de Estados Unidos.» “Lo cierto es que la contraparte de Estados Unidos no está, lo que aporta un alto nivel de incertidumbre”, concluyó.
Donald Trump descargó toda su bronca y su impotencia sobre los tres miembros del Partido Republicano que acompañaron a sus tres colegas demócratas para convalidar la sentencia por 6 votos contra 3. «Otros creen que están siendo políticamente correctos, lo cual ha sucedido antes, con demasiada frecuencia, con ciertos miembros de esta Corte, cuando, de hecho, son simplemente TONTOS y PERROS FALDEROS de los RINOS y los demócratas radicales de izquierda y, aunque esto no tenga nada que ver, son muy antipatrióticos y desleales a la Constitución», afirmó. Claro está que quien se había querido deshacer de la letra y del espíritu constitucional era él mismo. Ahora deberá afrontar unas elecciones de medio término de oscuro pronóstico aquilatando esta derrota que liquidó su principal herramienta de chantaje geopolítico.
Donald Trump ha podido declararse vencedor de las elecciones de medio término en la Argentina, y seguramente su política arancelaria no habría sufrido ningún cuestionamiento del Supremo Tribunal de nuestro país. Pero está en los EEUU, y allí las cosas, al menos en cuanto a calidad republicana, demuestr
Fallo de la Corte norteamericana invalidó el acuerdo con ese país y benefició a Brasil
