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El gobierno, sin pizza ni champagne

Abr 10, 2026

En la épica de los cada vez más dorados años 90, la corrupción del menemismo quedó reflejada en la frase “Pizza con champagne”, que implicaba una tolerancia tácita, un guiño de la mayor parte de la sociedad argentina a un gobierno cuya corrupción resultaba explícita, pero que garantizaba el 1 a 1 del peso con el dólar. La explicación de entonces vale para hoy: mientras que las autoridades garantizaran un paraíso de consumo, los argentinos están dispuestos a mirar para otro lado y pasar por alto las desprolijidades de quienes detentan el poder institucional y de sus allegados. Pero cuando lo que impera es la malaria, la pobreza y la certidumbre de un futuro que será aún peor, la agraviante inmoralidad de los que mandan pasa a ser un factor de condena determinante. Tan es así que, sólo un año atrás y aún aceptadas por la mayoría de los argentinos las explicaciones de que la mishiadura actual era responsabilidad de “70 años de peronismo”, “la casta”, “el populismo” y otras falacias similares, imperó la tolerancia social, y hasta el desinterés, de nuestra sociedad sobre casos flagrantes como los de $Libra o las supuestas coimas en el ANDIS, que comprometen a Javier Milei y a su hermana, Karina.

El amigo americano
Si bien las elecciones de septiembre en la Provincia de Buenos Aires encendieron las alarmas sobre la tolerancia social sobre un programa de gobierno que garantizó el incremento de los privilegios de los sectores más concentrados de la sociedad, la concentración de la riqueza, la timba financiera y la reagrarización de la Argentina, con la consecuente destrucción de la industria y del mercado interno, la oportuna intervención de Donald Trump y del Secretario del Tesoro, Scott Bessens, rodeó al gobierno de una red de protección provisoria. En tanto que la oposición no conseguía generar empatía social y ni presentaba proyecto alternativo alguno, la promesa de que los dólares aportados por el gobierno norteamericano nos mantendrían a flote inclinó la balanza en favor de un gobierno que se asumía –y se asume- como colonial. Como bien sostuvo el artificialmente rubio mandatario yanqui, él fue el vencedor en las elecciones de octubre.

Los ganadores de la malaria colectiva
Pero el tiempo transcurrió y la demolición de la Argentina sólo se profundizó. El gobierno continuó sin pausa en su privilegio de los intereses más concentrados; la pobreza, la indigencia, la caída del consumo, del comercio y de la producción continuaron con su marcha implacable, mientras que las autoridades ofrecen explicaciones falaces, celebran el incremento de un PBI primarizado que sólo garantiza exclusión, precariedad y sufrimiento para el 80% de los argentinos, los números de las encuestas sentenciaron una caída abrupta en la consideración de Javier Milei y de su gobierno, que según los sondeos ronda el 70% o más de los encuestados. No hay expectativa alguna de mejora para el futuro, sino todo lo contrario, y el temor a la miseria se ha instalado en el sentimiento colectivo.

El humor social se invierte
Es en estas circunstancias que las conductas de Manuel Adorni impactaron con fiereza brutal. Miseria y pobreza combinados con la percepción de una corrupción estructural en el gobierno siempre constituyen un cóctel explosivo de imprevisibles consecuencias. Además, los lujos, viajes y compra en serie de propiedades a valores que jamás podrían explicar los ingresos del funcionario son fácilmente decodificables para la sociedad. Tal vez resulte difícil de comprender para las mayorías la dinámica de una criptomoneda, pero las acciones adjudicadas a Adorni son fácilmente accesibles para cualquiera.
Para peor, la decisión de Javier y Karina Milei de encadenarse a la suerte de Adorni profundiza las sospechas y el descrédito sobre ellos mismos. Esta decisión resulta a todas luces irracional, y sólo puede explicarse por el temor a que, ausente Adorni de la escena –y a diferencia de lo que sucedió con José Luis Espert, en tiempos más favorables- la mirada pública sobre prácticas de corrupción caiga sobre los hermanos gobernantes, o bien a que un Jefe de Gabinete que estuvo presente o fue testigo de esas acciones cuestionadas al sentirse abandonado se decida a hablar para tratar de salvar su pellejo.
Por si fuera poco, la actualidad de Donald Trump no parece ser la más favorable para tenderle una mano a su lacayo argentino, por lo que difícilmente podría proponerse como el verdadero candidato detrás del oficialismo. Tampoco el gobierno da muestra alguna de un redireccionamiento de su política económica, aunque los indicadores de la economía real y de la sociedad aparezcan cada vez más aterradores.

¿El Poder Judicial le suelta la mano?
Fiel a su habitual fino sentido de las circunstancias, el Poder Judicial ha comenzado a modificar su alineamiento tácito con el gobierno. En las últimas horas el juez Lijo ordenó levantar el secreto bancario de Adorni y llamó a declarar al portero de la propiedad adquirida en Caballito, mediante el benéfico préstamo de dos jubiladas que afirman no conocer al Jefe de Gabinete. Casi en simultáneo, el fiscal Franco Picardi solicitó la citación a declaración indagatoria a Diego Spagnuolo, Daniel Garbellini y Miguel Angel Calvete, junto a más de 20 empresarios, en el marco de la investigación por las coimas de la Andis, poniendo a Karina Milei en el foco de la tormenta. Y ni qué decir del avance de la largamente postergada causa $Libra que se tramita en el juzgado de Marcelo Martínez De Giorgi, que tras su permanente ralentización comienza a cercar al presidente con las últimas medidas reclamadas por el fiscal Eduardo Taiano.
En resumen, sin la ilusión de prosperidad económica ni auge del consumo, la combinación de pizza con champagne pierde la complicidad benévola de los argentinos para retornar a lo que siempre debió ser: un conjunto de acciones condenable que sólo ha conseguido potenciar el fracaso argentino.

La sucesión de Milei empieza a tomar forma
No resulta casual, entonces, que tanto Axel Kicillof como Patricia Bullrich escalen en las encuestas, como alternativas de sucesión para el padre del fallecido y clonado Conan. Para buena parte del establishment local, maltratado constantemente por el libertario, parece resultar indispensable empoderar a una alternativa de continuidad “virtuosa” de este gobierno. Para la oposición, aún a desgano, la figura del gobernador bonaerense le es impuesta por la sociedad, a contramano de la presidiaria domiciliaria, de los jóvenes ya envejecidos de la Cámpora y de un peronismo que nunca dejó de mirarlo con desconfianza.