Desde hace bastante tiempo Manuel Adorni se ha convertido en un dilema irresoluble para el gobierno nacional. No es que no tenga solución, ya que simplemente con desafectarlo de su cargo conseguiría sacárselo de encima y señalarlo implícitamente como un caso de corrupción personal al que se le imprimió una medida drástica. Muerto el perro… Pero en política las cosas nunca son tan sencillas.
La pregunta que retumba más en los medios es por qué el gobierno no toma esa decisión. Las razones pueden ser diversas. La primera es que Milei no quiere entregarle a su alfil a la oposición, ya que de eso implicaría aceptar que su propuesta anti-casta fue sólo una falacia electoral. Una más entre tantas, como la dolarización, la liquidación del Banco Central o que la economía crecería “como pedo de buzo”, entre muchas otras. Aunque para la mayoría de los argentinos, después del affaire $Libra, los retornos de la ANDIS, los préstamos del Banco Nación o la cascada y el pendrive de Adorni, la promesa de moralidad en su gobierno suena a ironía o a burla. Milei es el único que podría creer que sus políticas son “anti-casta”, si es que efectivamente transita por una realidad paralela.
Otra razón que podría explicar la continuidad de Adorni sería el temor a las represalias que pudiera ensayar el Jefe de Gabinete para salvar su pellejo. ¿Hasta dónde soltaría su lengua? No hay que olvidar que estuvo presente en todos los negocios turbios de esta gestión. Además, habilitaría el terreno para las sospechas sobre el resto de la gestión. ¿Es el único que habría recibido sobresueldos o dádivas? ¿O, eyectado de su cargo, la inquisición se centraría en otras figuras del régimen? Mientras esté en el centro de la escena, el apuntado es él.
El problema, además, es que Adorni fue presentado siempre como paladín de la moralidad y la cruzada anti-casta del mileísmo. También fue su candidato en las intermedias del año pasado y era, hasta hace poco, su candidato para desplazar al PRO en el gobierno de la CABA en 2027. ¿Cómo impactaría su eventual despido en términos electorales?
Pero, además, Adorni se ha convertido en pato de campo: a cada paso… Todos los días aparecen nuevas pruebas que lo condenan, y sus argumentos con sistemáticamente contradictorios, fantasiosos y autoincriminatorios. Sólo con un Poder Judicial, una dirigencia y una sociedad pasiva y resignada como los argentos puede explicarse que aún siga en su cargo.
Lo peor para el gobierno es que, debido a la centralidad del affaire Adorni, el gobierno ni siquiera puede explotar lo que considera como logros, como por ejemplo la baja de la inflación de mayo o la caída del riesgo país, que han pasado prácticamente desapercibidos, o que los disconformes entre quienes antes lo apoyaban ahora impulsen la “conspiración Bullrich”.
En síntesis, Javier Milei afronta un dilema en el que todas las soluciones parecen ser malas o muy dañinas. Tanto si se queda como si se va, Adorni ya detonó las mallas de seguridad de todos los caminos. Sólo queda la opción de evaluar la mejor estrategia para el control de daños. Y ninguna parece ser muy seductora.
