La economía de Brasil está atravesando un momento excepcional, con récords históricos de ganancias en la bolsa, generación de empleo e inversiones. Simultáneamente la inflación se mantiene en un 4 anual y el poder adquisitivo no deja de subir. Exactamente la contracara de la Argentina de Javier Milei. ¿Por qué Brasil sí y la Argentina no?
“Lula” da Silva ha creado más de 1,7 millones de puestos de trabajo, las cuentas públicas tienen un pequeño déficit del 0,4%, y la inversión extranjera directa y las ganancia en la bolsa de Sao Paulo registran récords históricos. Mientras que Milei debió cancelar la aplicación de la nueva herramienta de medición de la inflación del INDEC, que le daba entre 3,2 y 3,4% para el mes de enero y disparaba además los índices de pobreza, indigencia y retroceso social, Brasil no deja de crecer de manera virtuosa. Al presente dorado del país hermano inmediatamente se le oponen la estrepitosa caída de las acciones argentinas en Wall Street, el cierre generalizado de empresas, la convocatoria de acreedores de mucha que las que aún sobreviven, una morosidad inédita en el pago de tarjetas y préstamos, desplome del poder adquisitivo, disminución de la inversión extranjera y caída de las exportaciones. Apenas si se consiguió revertir un poco la debacle financia hacia el fin de la semana pasada, con el anuncio del nuevo Estatuto Legal del Coloniaje sellado con el gobierno de los EEUU.
Al girar la mirada hacia el Brasil la gravedad de la crisis argentina cobra dimensión real. Las acciones en el país vecino experimentaron la mayor suba en 10 años. El índice Bovespa subió en promedio un 15% y los ADR brasileños incrementaron su cotización un 50% promedio en un año, contrastando con la volatilidad que caracteriza a los mercados internacionales. La inversión externa en la economía real –no en la especulación financiera- también tuvo su récord histórico en 2025: U$D 15.000 millones. Y no se trata de un hecho aislado: únicamente en enero de 2026 el saldo positivo de las inversiones extranjeras superó los U$D 5000.
En la economía de Lula conviven una tasa de interés real alta, estabilidad cambiaria, y un mercado financiero en crecimiento, debido a que el IBOVESPA se compone fundamentalmente de bancos y empresas productoras y manufacturadoras de materias primas –es decir, sólidamente ancladas en la economía real-, a diferencia de una Argentina que rinde culto a la bicicleta financiera, el achicamento de la economía real y del mercado interno, la pérdida de capacidad de compra, el desempleo de los trabajadores en blanco y un incremento de la informalidad laboral, y una caída constante de los niveles de producción y de consumo.
«En un entorno global marcado por la debilidad del dólar, la recuperación de los precios de las materias primas y la rotación de carteras desde los principales mercados desarrollados, los inversores tienden a priorizar países que combinan liquidez, rentabilidades reales atractivas y menor fragilidad macroeconómica», explicó el economista
«Brasil destacó en relación con otros mercados emergentes que enfrentaron una mayor incertidumbre fiscal, política o cambiaria. El flujo de capital extranjero suele ser más una consecuencia que causa inicial. Primero, surgen señales de estabilidad macroeconómica, alta rentabilidad real, ganancias corporativas consistentes y precios atractivos; luego, el capital internacional entra y refuerza la apreciación de los activos», explicó el economista Jhonny Mendez.
Con estabilidad política y una previsible una caída de las tasas de interés, las tasas de morosidad decae, lo que simultáneamente incrementa el volumen de ganancias de la banca sin tener que recurrir a intereses astronómicos sobre los cumplidores para compensar los impagos.
Sin necesidad de aplicar ninguna motosierra, la economía de Brasil ha dado un salto monumental, que todas las previsiones coinciden en prolongar e incrementar en el tiempo. Ante la previsibilidad y solidez del programa económico, sostenido sobre la economía real, los inversores externos se sienten cada vez más atraídos por enterrar su capital en el sector productivo. En cambio, ¿qué empresario no especulativo podría considerar hacer lo mismo en nuestro país, con un sector productivo cada vez más frágil, un mercado interno desmantelado e indicadores de la actividad económica que se aplican o diseñan según la voluntad de un presidente o de un ministro?
En la Argentina, “a mentira não tem fim”. Claro está que sólo son engañados los crédulos e inocentes, que siguen pensando que la política es mala palabra, y no la actividad que podría ayudar a compensar las desigualdades e injusticias sociales. Claro está que hay buena y mala política. Y también en este rubro, los argentinos no hemos conseguido destacarnos desde hace mucho tiempo.

