• 20/03/2026 13:43

¿Al “Toto” Caputo se le agotó la magia?

Mar 20, 2026

La suerte del Ministro de Economía parece haber cambiado. Por más que el gobierno intente sobrar la situación actual, subrayando los incrementos en el PBI que proveerán las exportaciones de commodities, la minería y el sector energético, la economía real se está hundiendo. La destrucción de empleos, la caída en la capacidad de compras de salarios y remuneraciones, el cierre de decenas de miles de empresas y comercios y un incremento feroz de la mora en los préstamos tomados, en su mayoría, para la compra de alimentos, genera un creciente malestar social que se ha traducido en las encuestas. El discurso de que los empleos y empresas destruidos podrían compensarse con otros provistos por los nuevos sectores estelares es falaz, ya que no se trata de actividades económicas que demanden mano de obra significativa, además de la reubicación masiva de la población que significaría su incorporación a estas áreas.
Mes a mes, la recaudación se hunde, la estanflación es indisimulable, ya que la capacidad de compra del mercado interno se ha reducido dramáticamente, y aún así impacta en un índice inflacionario que, pese a las manipulaciones oficiales, ronda el 3% mensual. Por más que el presidente prometa que este indicador comenzará con 0 en unos meses, ni siquiera el ministro de Economía se animó a sostener ese dislate.
Por si fuera poco, el alto nivel de vencimientos de deuda en dólares y en pesos de aquí hasta el fin de la actual gestión se hacen cuesta arriba, invalidando los planes del ministro de salir a tomar deuda en el mercado de capitales internacionales. Hasta fin de año deben pagarse unos U$D 15.000 millones, y el año próximo otros 28.000. Revirtiendo la tendencia de algunos meses atrás, el riesgo país escaló a 630 puntos básicos, lo que hace imposible endeudarse a una tasa de alrededor de un 11%. Además, por más que el Banco Central compre divisas –algo que le reclamaba desde el inicio del mandato de Javier Milei- las reservas no crecen y están en un negativo similar al del fin del gobierno de Alberto Fernández. Los mercados desconfían de la capacidad de pago del Estado argentino. Las inversiones externas, lejos de multiplicarse, han tomado desde hace tiempo un marcado sesgo negativo. No hubo inversión sino desinversión: el mercado argentino no resulta atractivo para casi nadie más que para las empresas extractivas y la producción agrícola, aunque en una escala acotadísima pese al otorgamiento de toda clase de exenciones, RIGI incluído.
Por primera vez desde el inicio de la gestión Milei los rumores sobre un eventual reemplazo del ministro de Economía han comenzado a circular. Ante la falta de interés del mercado financiero internacional y el agotamiento de su capacidad de endeudamiento con los organismos financieros internacionales, el “Messi de las finanzas” debió modificar drásticamente su discurso ante el cierre del acceso a Wall Street por la suba constante del riesgo país, para asegurar que afrontará los vencimientos con los dólares de los argentinos y el superávit fiscal. Pero los argentinos son reticentes a invertir sus “dólares del colchón” temerosos de terminar embaucados por el Estado, y encima no paran de comprar divisas planchadas a precio de liquidación. En lo que respecta al superávit fiscal se ha reducido drásticamente y el mercado está convencido de que sólo es posible, desde hace mucho tiempo, gracias a una imaginativa “contabilidad creativa”.