Después de largas semanas de debilidad extrema y de dudas sobre el futuro, el gobierno nacional aparece nuevamente fortalecido, renaciendo de sus cenizas. La dilatada salida de Manuel Adorni, foco de las denuncias sobre corrupción, le permitió despojarse de una pesada mochila que ponía trabas a toda su gestión, impidiendo por ejemplo el tratamiento legislativo de proyectos clave para la continuidad del plan económico o bien generando rispideces pronunciadas al interior del gabinete, en su relación con sus aliados políticos, económicos y también con sus operadores mediáticos. ¿Hacía falta procrastinar tanto una decisión que resultaba imposible no adoptar?
La resolución de la cuestión Adorni implicó para Javier Milei un conjunto de concesiones al Círculo Rojo y una pérdida efectiva de un poder propio que se viene licuando desde hace tiempo. Por un lado quedó en claro que el acto final de la salida del ex Jefe de Gabinete y su reemplazo por Diego Santilli estuvieron a cargo de “El Jefe”, Karina Milei. Sin mucho esfuerzo y gracias a los beneficios obtenidos, Clarín y La Nación corrieron el eje de las denuncias de corrupción a la oposición, apuntando ahora hacia un ya lejano episodio de Martín Insaurralde. Y, por si fuera poco, la celebración del 4 de julio demostró quien es el jefe en última instancia: nada menos que Peter Lamelas, el embajador de los EEUU.
La trama de consenso gobernante queda cada vez más expuesta. Mientras que el gobierno se fortalece, ocupado por los poderes fácticos, Javier Milei aparece cada vez más debilitado. El favor que le hizo el juez federal Marcelo Martínez De Giorgi de desplazar a las querellas de la causa $Libra a pedido del acusado Mauricio Novelli, a cambio de la disgnación como jueza de su esposa es una espada de Damocles que pende sobre el libertario. Sabe que está condicionado a obedecer y que en cualquier momento podría volverse a la situación anterior, ya que el expediente continúa en manos del fiscal.
El interrogante que apareció por estos días sobre si el actual es un gobierno del libertario o del Pro es una entelequia. Es, simplemente, un gobierno del establishment local, compartido o subordinado según los casos a Donald Trump y a Israel. Sus carteras están gestionadas por políticos profesionales cuyas terminales están en el poder económico. Aquellos buenos modales que le exigían al presidente hoy son desplegados por los ministros y funcionarios que formalmente reconocen su autoridad, pero actúan siguiendo indicaciones de sus mandamases.
En estas largas semanas de negociación de la salida de Adorni corrió mucha agua debajo del puente. Patricia Bullrich, por ejemplo, pasó de autoproclamarse como candidata presidencial para 2027 a verse desplazada incluso dentro del Senado. Mauricio Macri, quien volvió a aparecer públicamente, respondió a la indicación de reinstalación en la agenda pública. Para el establishment sólo importa que el modelo económico y social mantenga el rumbo. Si es con un Milei títere, con Bullrich o con Macri da lo mismo. Pero con una salvedad que resulta determinante: con una gestión a cargo de políticos profesionales el discurso anti-casta perdió toda su potencia inicial, aunque el decurso de los sucesos sólo profundizaron el desprecio –y hasta la negación- de los políticos y de la política, lo cual los ha puesto aún más de rodillas ante el poder económico. Por cierto que habrá nuevas confrontaciones originadas en pretensiones personales e intereses corporativos, aunque habrá una razón más poderosa que evitará rupturas o colapsos terminales: que Todo Marche Acorde al Plan.
Llama la atención que pese al aquelarre económico y financiero que aqueja a más del 80% de los argentinos la posibilidad de una victoria electoral en 2027 de Milei, Bullrich, Macri o del Pato Lucas –quien sea beneficiado por la bendición del poder económico-, incluso en primera vuelta, no resulte un pronóstico ficcional. El think tank del establishment funciona a la perfección. El voto anti-peronista tiene un piso del 40%, por lo que con un 10% de diferencia conseguiría su objetivo. Para esto sería necesario suspender las PASO, para evitar una eventual alianza del pan peronismo, lo que a esta altura de la soirée parece a todas luces impracticable. Si la oposición se divide en varias candidaturas –¿Kicillof, Máximo, Grabois, Brito, Massa, Uñak
?-, ese decil estaría garantizado. ¿Por qué el pueblo votaría un candidato que proponga continuar con su saqueo? Simplemente porque no hay nada consistente o más prestigioso como alternativa, y porque los tanques comunicacionales del oficialismo seguirán haciendo su exitoso trabajo.
¿Algo podría entorpecer una marcha tranquila hacia esa victoria? Las elecciones de noviembre en los EEUU, en caso de producirse una dura derrota de Donald Trump enrarecerían el ambiente. Si el respaldo del presidente norteamericano llegara a ser visto como una mochila de plomo, la justicia podría reinstalar las causas $Libra y ANDIS, y hasta terminar poniendo a Milei al borde del knock out, para crear las condiciones para un reemplazante designado por el Círculo Rojo. También esta situación mejoraría las chances para un eventual candidato del “peronismo empresarial” como Jorge Brito, del que nada debería temer. Cambiar algo para que todo siga su curso podría ser la consigna.
Por ahora, todas son especulaciones. Pero todas ellas nos llevan a concluir en que el próximo gobierno no será demasiado diferente al actual. No podría ser de otro modo, mientras que Cristina y su runfla, sumados a la naturaleza timorata de Axel Kicillof, contaminen la generación de una alternativa potente. Mientras tanto, Todo Marchará Acorde al Plan.

