Un informe del Pentágono filtrado por Reuters generó un escándalo de proporciones en la relación entre los EEUU y Gran Bretaña, y subrayó nuevamente la magnitud de las consecuencias de la ofensiva de Donald Trump sobre Irán y su impacto en el sistema de alianzas que venía sosteniendo desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial.
La especie divulgada por Reuters sostiene que los EEUU podrían modificar su tradicional apoyo al Reino Unido en la disputa por Malvinas, debido a la “falta de respaldo” de Gran Bretaña en la actual guerra del Cercano Oriente. Desde la oficina del Canciller británico Sir Keir Rodney Starmer se intentó inmediatamente desactivarla, al afirmar que el tema “no está en cuestión”, pero sin demasiado éxito. La Ministra de RREE británica, Yvette Cooper, posteó en su cuenta oficial de X que: “Las Islas Malvinas son británicas: la soberanía reside en el Reino Unido, pero la autodeterminación corresponde a los isleños”. “Nuestro compromiso con las Falklands es inquebrantable”, aseveró.
Según Reuters, un correo interno del Pentágono de los Estados Unidos habría sostenido que la administración Trump estaría evaluando realizar una revisión de su posición sobre la soberanía británica sobre las islas Malvinas. Según Reuters, y que esa decisión sería sólo una de una serie de sanciones que se desprenderían de la negativa del Reino Unido y de otros aliados europeos al darle la espalda en la guerra contra Irán.
Formalmente los EEUU nunca reconocieron esa soberanía británica, pero las acciones concretas de los norteamericanos demostraron a lo largo de los años que esa era su posición, y que tuvo su manifestación más concreta durante la Guerra de 1982.
En el supuesto correo de referencia se detallarían una serie de medidas que el gobierno de Trump planearía tomar contra sus históricos aliados de la OTAN que le dieron la espalda en esta nueva aventura militar, entre los que serían los más perjudicados Gran Bretaña y España. En el caso español, se estaría evaluando su suspensión como miembro de la Alianza del Atlántico Norte, debido a la negativa del presidente Pedro Sánchez de acceder a la utilización de sus bases y de su espacio aéreo para los ataques contra el país asiático. En cuanto a los británicos, la medida a tomar implicaría una eventual “revisión” del respaldo norteamericano a sus reclamos sobre sus “posesiones imperiales”, incluidas las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur. La publicación impactó sensiblemente en el tablero político y mediático inglés que le asignó credibilidad debido a la estrecha vinculación entre Donald Trump y Javier Milei.
El vocero del gobierno británico intentó inmediatamente descalificar la especie, sosteniendo que: “El tema de las islas Malvinas y su soberanía británica, con el derecho de los isleños a la autodeterminación, no están en cuestión, y así lo hemos expresado de forma clara y consistente”. “Las islas Malvinas ya votaron anteriormente a favor de permanecer como territorio británico de ultramar, y siempre nos hemos posicionado junto a ese derecho de los isleños a su autodeterminación”, completó el funcionario.
Las afirmaciones oficiales británicas refieren al referéndum autoconvocado en las islas en 2013, en el que el 98 % de sus habitantes plebiscitó la continuidad de su pertenencia a Gran Bretaña. Sin embargo, esa decisión fue desconocida por el Estado Argentino, que continuó sosteniendo su tradicional posición de que se trata de un territorio nacional invadido con una población implantada, por lo que no resulta posible aplicar el criterio de “autodeterminación de los pueblos”.
Tanto Starmer como Pedro Sánchez reiteraron la negativa de sus países a “dejarse arrastrar a la guerra” contra Irán. En el caso británico, el canciller incluso tomó la decisión de restringir los permisos a la aviación estadounidense para utilizar sus bases en Inglaterra y en el Océano Índico para ser aplicados exclusivamente a “propósitos defensivos”. Para la administración Trump, la posición de ambos países europeos fue calificada como “no haber estado a la altura de lo que se espera de un aliado”.
Como contrapartida, el presidente Javier Milei, quien desde la campaña presidencial de Donald Trump manifestó su determinación de comportarse como un apéndice de la política del hoy primer mandatario norteamericano en caso de acceder a la presidencia, reiteró nuevamente esa subordinación y alineamiento, incluso desconociendo la disposición constitucional que asigna al Congreso Nacional la facultad de decidir la posición argentina en caso de una eventual declaración de guerra.
Pese a la desmentida de la cancillería británica, esa alianza “carnal” entre Milei y Trump tensó los nervios de la dirigencia británca cuando el mandatario argentino subrayó que está “haciendo todo lo humanamente posible para que las Islas Malvinas vuelvan a manos de Argentina” en un canal de streaming. “La soberanía no se negocia, pero hay que hacerlo de manera criteriosa, hay que hacerlo con cerebro”, sentenció Milei. Y como si esto fuera poco, aseguró que: “Estamos haciendo avances como nunca se han hecho, pero no depende solo de nosotros”, completó.
La eventual decisión de los EEUU de modificar su tradicional posición respecto de quien fuera su principal aliado desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, y que en el pasado lo acompañó en diversas aventuras militares contrastando con las posiciones de la OTAN y de la ONU fue calificada por el periódico The Sun como “Amenaza en las islas”, e inmediatamente se extendió como reguero de pólvora en los medio y las altas esferas británcas.
¿Llegará a tanto Donald Trump? ¿Se corresponde esta filtración con la afirmación de que, en pleno retroceso de su hegemonía global, los EEUU fortalecerían sus vínculos y su injerencia sobre lo que denominan como su “patio trasero” americano?
Por ahora todas son dudas y suposiciones. Lo único que queda en claro es que el ataque a Irán provocará significativas modificaciones geopolíticas a escala mundial, aunque resulte imposible pronosticar por ahora cuál será la magnitud y las características de ese nuevo orden.
Las Malvinas, ¿argentinas? Una filtración del Pentágono puso a Gran Bretaña con los pelos de punta
