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Sergio Massa y su estrategia para el balotaje

Nov 8, 2023

Las encuestas difundidas hasta el presente coinciden en que Javier Milei le llevaría una ventaja de entre 2 y 4 puntos a Sergio Massa. Más allá de los cuestionamientos que merezcan como herramientas de análisis fundado, habida cuenta del sistemático fracaso de las consultoras desde hace años, las estrategias de los competidores son definidas a partir de esos datos. De este modo, en tanto que el contubernio Macri-Milei apunta sobre todo a asociar al candidato de UxP con el “kirchnerism” –o, más propiamente, con el “cristinismo”-, retomando el eje argumental que llevó al colapso a la candidatura de Patricia Bullrich, y mantiene “secuestrado” y aislado en un hotel a su candidato para tratar de impedir nuevas declaraciones que espanten al electorado más conservador de JxC o de Juan Schiaretti, Sergio Massa debe “ir por todo”, combinando múltiples áreas de acción para tratar de “pescar” votos en el fondo de la olla.
La estrategia diseñada por el catalán Antoni Gutiérrez Rubí fue, desde un principio, segmentada, reorientándose a las relaciones de fuerza y los estados de ánimo de la opinión pública. El hilo conductor común de todas ellas ha sido la demostración de su capacidad de gestionar que el Titanic argentino llegara a puerto luego de haber impactado con el iceberg de la “deuda odiosa” contraída por Mauricio Macri, la pandemia, la guerra en Ucrania y la inédita sequía de este año. El estratega no planteó objetivos inalcanzables como, por ejemplo, eliminar la inflación, sino tratar de implementar medidas anticíclicas que permitieran morigerar sus efectos. Sobre todo, y en cada una de esas etapas, se intentó dejar en claro que el candidato de UxP era un sólido estadista y un habilísimo político, por oposición al coro de inexperimentados voluntaristas –a excepción de Juan Schiaretti- con los que confrontaba.
De este modo, la primera parada –las PASO- tenía como objetivo no quedar afuera de las tres opciones preferidas por el electorado, según su propio diagnóstico. Se alcanzó con éxito, evitándose así no solo el fracaso electoral sino también una crisis definitiva del actual gobierno.
La segunda etapa, diseñada de cara a las elecciones generales, tuvo como eje primordial al miedo ante el Apocalipsis que anunciaban las propuestas radicalizadas de Javier Milei y su entorno. La tarea de desgaste de la alternativa JxC fue abordada fundamentalmente por el candidato libertario y por las ambigüedades en declaraciones y posicionamientos que caracterizó al juego de Mauricio Macri. En esta instancia, los resultados fueron mayores a los esperados, por lo que Massa quedó a sólo 3 puntos de una victoria en primera vuelta y a 7 respecto de su principal contendiente.
La tercera –y definitiva- parada es el balotaje. Pese a la clara victoria en las generales, el candidato de UxP arrancaba en desventaja, teniendo en cuenta que una simple sumatoria entre los votos de Milei y de Macri/Bullrich levantaban su amperímetro a un teórico 54%. Siendo una elección general, el balotaje tiene una estructura similar a la de un plebiscito en el que quienes han visto diluidas sus opciones originales deben inclinarse por el mal menor. Hay aquí una consideración adicional y es el hecho de que cada voto que se suma, simultáneamente se le resta al contrario. Por esta razón 4 puntos de diferencia, por ejemplo, se desploman ante la posibilidad de que el menos favorecido consiga recuperar sólo dos, planteando una situación de empate. Y esto dejando de lado el hecho de que entre 2 y 4 puntos, habida cuenta la escasa confiabilidad de las encuestas, podrían considerarse como “empate técnico”.
En el caso del balotaje, a los ejes ya consolidados a lo largo de las etapas previas –gobernabilidad y miedo al estallido libertario-, se suman las novedades de cara a la batalla final. La primera de ellas –que, seguramente, será el eje de la argumentación de Sergio Massa en el Debate del domingo próximo-, apuntará a aquello que toda la sociedad argentina teme y sospecha: dejar en claro la inestabilidad emocional y psiquiátrica de Javier Milei, y poner en duda su aptitud al momento de afrontar los desafíos cotidianos del gobierno. El segundo punto consiste en denunciar al contubernio Macri-Milei como “oportunista”, haciendo hincapié tanto en la escasa gobernanza que garantizan los gobiernos de “doble comando”, sobre todo cuando tienen profundas controversias respecto del plan de gestión. Massa deberá esforzarse por reinstalar en la retina pública el fracaso de la gestión Macri, y el retorno de los “muertos vivos” de su entorno que hundieron a la Argentina en el peor endeudamiento de su historia, orientado –para peor- a la fuga de divisas. En este punto, el anuncio de la auditoría del FMI le cae como anillo al dedo. Asimismo debe hacer hincapié –como lo viene haciendo- en su propuesta de gobierno plural de “unidad nacional”, su autonomía respecto del cristinismo, su proyecto de cambio ordenado dentro del marco de la democracia acompañado de crecimiento productivo e inversión en el desarrollo social y educativo, y su condición de “heredero natural” de los grandes partidos democráticos de la Argentina: el peronismo, el radicalismo y el socialismo.
Ante la desprolijidad que suponen la convivencia de los programas de Macri y Milei para el caso de un eventual gobierno del candidato de LLA, que prácticamente es un cheque al portador de gravísimos cortocircuitos internos en la disputa por la hegemonía, Massa debe convertirse en el candidato del orden y la previsibilidad, para convencer a los electores más moderados de que, aún viniendo del peronismo, es el único garante de las instituciones, la propiedad y la vida de los argentinos.
En este sentido el decálogo de gestión que acaba de presentar es la contracara de la moneda de las afirmaciones, controversias y desmentidas que caracterizan al campamento enemigo. El candidato de UxP juega así su destino en tres instancias: la militancia capilar y su hiperactividad para tratar de consolidar votos y convencer a los incrédulos; su desempeño en un Debate que podría resultar determinante; y la apelación al sentido común y a los valores democráticos para convencer al electorado moderado.
El juego está abierto y, tal como sucedió en las PASO y en las generales, se definirá en las últimas 72 hs. y sellará el destino de la Argentina en las próximas décadas.