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A las puertas de un debate decisivo

Nov 11, 2023

La mayor parte de las cartas de los competidores en el balotaje están jugadas. Del lado de Sergio Massa la estrategia diseñada por el catalán Antoni Gutiérrez Rubí se ha desplegado con precisión de relojería: no quedar fuera de los tres tercios en las PASO; apelar al miedo, a la movilización territorial y al lanzamiento de una batería de medidas que beneficien a las mayorías argentinas en la general; y fortalecer esta línea de acción, sumando adhesiones de “los mejores” de otros espacios políticos y sociales de cara al balotaje, para componer el “gobierno de unidad” propuesto desde el primer día por el candidato de UxP, dejando en claro que su identidad con el “kirchnerismo” en la que se monta el contubernio Macri-Bullrich-Milei corresponde al orden del realismo mágico. La unidad interna de UxP aparece consolidada, y el apoyo explícito del socialismo, y el tácito de buena parte de la UCR y del trotkismo, suman nuevos votos, restando saber qué porcentaje del voto peronista de Juan Schiaretti terminará abrevando en las arcas del Ministro de Economía.
Del lado de Milei, en cambio, todo es desconcierto. La “razzia” interna impulsada desde la noche de la elección general contra los críticos del contubernio debilitó el núcleo duro del candidato. También tomaron distancia los partidarios de la dolarización, ante el convencimiento de que el libertario se había entregado de pies y manos al ex presidente. Y ni qué decir de comunicadores como “Baby” Etchecopar, Marcelo Longobardi o Jorge Lanata, o una pantalla de TN cada vez más crítica. Resta saber el impacto de las declaraciones pro-británicas sobre Malvinas de la postulante –hoy cuestionada- a la cancillería, Diana Mondino, o las desafortunadas expresiones de Milei en favor de la privatización de los clubes. Nadie tiene en claro qué programa es el que hoy se encubre tras la candidatura de Milei, si el original –siempre impreciso y provisorio- o el impuesto por Mauricio Macri. Lo peor es que, con el paso de los días, nadie cree que podrá ejercer el poder en caso de imponerse. Habrá un gobierno de “doble comando”, a lo sumo, pero la botonera estará muy lejos de su alcance.
Siguiendo el modelo ya implementado por Donald Trump y Jair Bolsonaro, Milei intento impulsar la sospecha del fraude para intentar un golpe de mano la noche misma de las elecciones, tal como lo hicieron sus inspiradores en la Casa Blanca y el Planalto, en caso de una derrota. Para empastar más el terreno, se insistió hasta último momento en la modificación de las reglas acordadas para del Debate, para que un libertario incapaz de elaborar un discurso coherente durante 2 hs., pudiera leer los contenidos. ¿No sabe Milei qué debe decir? ¿Cómo se comportaría como presidente, si no es capaz de actuar motu proprio, necesitando que le transmitan lo que debe decir a control remoto?
Los términos del debate están muy claros: de un lado, la propuesta democrática con gobierno de unidad nacional, y la apuesta al crecimiento económico con inclusión social y movilidad social ascendente; del otro, la alternativa autoritaria del caos, con destrucción del patrimonio nacional y privado, y un retorno de la represión desembozada para reprimir la protesta social que naturalmente saldría a oponerse a ese plan de ajuste y saqueo.
¿Cómo deberían actuar los candidatos en el Debate crucial? Sergio Massa deberá apostar a refrendar su figura presidencial, haciendo hincapié en los contenidos democráticos e inclusivos, la convocatoria pluralista y la apuesta al futuro. No deberá atacar al libertario, sino lanzar algunas frases ocasionales como «que el insulto no se transforme en nuestro idioma» –que titula su último video proselitista-, y esperar el desborde de su adversario. Sobre todo, deberá transmitir a la sociedad el convencimiento, a través de su actitud y coherencia de contenidos, de que ya es el ganador, aunque no deberá explicitarlo en palabras.
Javier Milei deberá luchar contra dos grandes condicionantes: controlar sus demonios internos y responder satisfactoriamente a las preguntas sobre su programa de gobierno: si continúa siendo el de siempre o ahora es el impuesto por Mauricio Macri, y que sus explicaciones consigan convencer a tres grupos bien diferentes: los votantes propios radicalizados, el electorado indeciso y al anti-peronismo moderado. Para ello deberá hacer un cuidadoso equilibrio, lo que nunca fue una cualidad del libertario.
Las últimas encuestas cuantitativas –más allá de lo que se piense al respecto, siguen ordenando las campañas- dan en este momento una paridad llamativa. Las cualitativas le asignan una amplia diferencia al candidato de UxP. Ahora llegó la hora decisiva y de lo que se trata es de dejar en claro en la consideración de quienes no votaron a ninguno de los dos candidatos en las generarles quién es la mejor alternativa disponible. Sobre todo, dejando planteado el interrogante: ¿a quién le confiaría el futuro de sus hijos?