• 26/05/2024 20:00

Disparen sobre los Macri

May 14, 2024

El PRO ha sufrido un proceso de declinación sorprendente durante el último año, y el gobierno está dispuesto a aprovecharlo para “comerle” el territorio y terminar de absorber a su electorado y a buena parte de su dirigencia. Las encuestas demuestran que el partido amarillo va deteriorándose sin solución de continuidad, y que su base social y política no deja de migrar hacia las posiciones de derecha más extremas que levanta el partido de gobierno. La situación llegó a un punto tal que en Santa Fé la dirigencia del PRO se resiste mayoritariamente a convocar a elecciones para la renovación de autoridades por temor al papelón de que apenas un puñado de afiliados se presente a los comicios internos. Pero no es el único caso: en la CABA Karina Milei y Patricia Bullrich quieren deglutirse al partido que venía hegemonizando la política porteña desde hace 20 años.
La ofensiva sobre el PRO porteño se concentra en el impulso de un proyecto en la Legislatura para bajar impuestos y el lanzamiento de Patricia Bullrich contra Mauricio en las elecciones de Senadores Nacionales del año próximo, como candidata de LLA, lo que significa la ruptura definitiva con el ex presidente.
Mauricio Macri ha tratado de responder tomando dos decisiones: reasumir la presidencia partidaria y deslizar su pretensión de presentar su candidatura como Senador Nacional, para tratar de recuperar el protagonismo que dejó diluir en los últimos años y así tratar de disciplinar a la tropa. Pero no se trata de operaciones exentas de riesgo, ya que, por una parte, no tiene en claro cuál será el respaldo que conseguirá conservar y cuántos serán los que emprenderán la migración hacia el partido de Javier Milei a la hora de tener que optar entre una y otra opción. Por otra parte, no puede hacer oposición en el Congreso ante las iniciativas del gobierno, ya que su electorado las apoya, por lo que podría terminar apareciendo como un aliado tácito del cristinismo.
En la CABA, los Macri deberán evitar quedar cercados entre el centro-izquierda, liderado por Martín Lousteau, y la derecha, con Patricia Bullrich, quien no evalúa como una contradicción ejercer simultáneamente como Presidenta de la Asamblea del PRO y enfrentarlo simultáneamente en las urnas.
Patricia y Karina coinciden en su rencor contra Mauricio Macri, una por su constante deslealtad en momentos clave, la otra se siente humillada por ser tratada por el ex presidente como «una tarotista que vendía tortas por Instagram». Ambas están convencidas de que este es el momento de dispararle debajo de la línea de flotación.
Por esta razón, entre ambas están impulsando un proyecto en la Legislatura porteña para bajar impuestos a los sellos en el sector automotriz sin habérselo comunicado a Jorge Macri, con el fundamento de que es necesario «acompañar al gobierno nacional en la reducción de impuestos», y es impulsado por Pilar Ramírez, la legisladora más cercana a Karina Milei, y Juan Pablo Arenaza, un referente de Patricia Bullrich en la CABA. La propuesta consiste en modificar la alícuota del 3% al 1% para autos usados nacionales que no superen los 25 millones de pesos. En el caso de los autos 0 km de producción nacional que no superen los 40 millones de pesos, dispone que se elimine directamente, en tanto que los autos importados continuarían pagando el impuesto como está establecido por ley.
La aprobación de este proyecto no sólo significaría una reducción de los impuestos que cobra la Ciudad afectando una recaudación que ya viene sufriendo las consecuencias del recorte de giros de la coparticipación por parte de otro ex macrista como “Toto” Caputo-
La ofensiva se completa con una sistemática publicación de noticias fake referidas a Jorge Macri, para tratar de desgastar su imagen, realizada por los trolls de la Casa Rosada, pagados “con la nuestra”. Así opera LLA, y de este modo consiguió llegar a la presidencia y hundirnos en la depresión, la aniquilac¡ón de nuestra economía, la pobreza y la indigencia, utilizando mentiras y falsificaciones de estadísticas.
¿Hasta cuándo los argentinos estaremos dispuestos a soportarlo?