¿Ignorancia o burla? Desde sus inicios el gobierno de Javier Milei se ha cansado de celebrar logros sobre disminución de la pobreza o de la desocupación o bien sobre el incremento del salario real o del PBI basado en datos que contradicen incluso las propias estadísticas oficiales o en proyecciones que no podrían sostenerse sobre ninguna base de cálculos racional. La pregunta es si las autoridades realmente creen en aquello que afirman o simplemente no les importan el sufrimiento que el desplome de la economía real impone al 80% de la sociedad argentina. La respuesta invariablemente apunta hacia la segunda opción: la absoluta falta de empatía con esa porción mayoritaria de los argentinos consolida esta alternativa.
En las últimas semanas, las autoridades han salido a celebrar un moderado incremento de la actividad y del consumo en el mes de marzo. Ese discurso no se modificó cuando los datos de abril confirmaron lo contrario: la actividad se estancó y cayó el consumo masivo un 4,7%, según la consultora Scentia de Orlando Ferreres, alguien insospechado de vínculo alguno con el kirchnerismo.
Dicha consultora elabora un Índice de Actividad Económica (IGA), que consignó que abril de 2026 mantiene los mismos indicadores del mismo mes del 2025, pero con una caída del 0,7% respecto el último marzo. Mientras tanto, en el primer cuatrimestre la actividad económica experimentó una baja del 0,3%.
El informe destaca el “ritmo oscilante” de la economía, que contrapone un crecimiento superior al 7% en minería y el sector energético, mientras que la industria manufacturera y el comercio caen por encima del 2%, con bajas pronunciadas del 17,5% en la industria automotriz y del 13,1% en los despachos de cemento. Ninguno de los sectores en alza genera empleo significativo, pero esas caídas lo destruyen.
El informe de Scentia constata, además, una baja del 3,8% interanual y de un 4,7% con respecto a marzo. Para el primer cuatrimestre de 2026, la caída es del 3,3%, con la siguiente desagregación: los supermercados de cadena experimentaron una baja del 4,5% interanual, en tanto los autoservicios independientes cayeron un 3%. Los mayoristas retrocedieron un 4,5%, y los kioscos y comercios otro del 4,8%.
El gobierno se aferra, en tanto, al e-commerce, que registra un aumento del 40,4%, argumentando un cambio en las prácticas de consumo masivas, algo que hasta el propio INDEC impugna y al que Scentia adjudica una proporción muy baja en las compras de bienes masivos. Todo esto sin tener en cuenta la destrucción de miles de emprendimientos pequeños y medianos, la pérdida constante de la capacidad de compra de los ingresos frente a una inflación calculada de manera “creativa” o el incremento brutal de la desocupación.
Como si esto fuera poco, a las falacias del oficialismo se ha sumado una nueva variable: la humillación explícita de los empleados de la Casa Rosada a quienes Karina Milei les cobra para consumir las sobras de los funcionarios y los obliga a llevarse su propia leche. La nueva ordenanza dispone que: «Se recuerda que para tomar cortado/lágrima es necesario que cada empleado traiga su leche».
Mientras que los jerárquicos disponen de un consumo suntuario a gratuidad, sus sobras son aprovechadas para elaborar comidas que se venden a los empleados rasos y se pesan sus bandejas para que no carguen más de 250 gramos. En síntesis, un trato similar al dispensado a sus lacayos por la nobleza británica.
El interrogante radica en arriesgar hasta cuando la sociedad argentina soportará estos destratos y sistemático empobrecimiento, o si estas nuevas reglas de juego llegaron para quedarse en una sociedad cada vez más latinoamericanizada,
Sobras y miseria
