La baja significativa del riesgo país para la Argentina decidida por la calificadora Standard & Poor’s tuvo efectos muy positivos este viernes, en el que los bonos en dólares subieron hasta un 3,5% durante la jornada. Inmediatamente el riesgo país emitido por JP Morgan se desplomó a 433 puntos, el indicador más bajo desde el 1 de mayo de 2018, cuando registró 431 puntos.
Los fondos de inversión y los analistas celebraron, y recomendaron que la Argentina debería aprovechar la volada para ingresar a los mercados internacionales de crédito y endeudarse compulsivamente por al menos unos U$D 35.000 millones, que es el monto de los compromisos a cubrir el año próximo, para relajar las tensiones financieras dando certezas de que esas obligaciones serán honradas, incluso en un año electoral.
Este fabuloso nuevo endeudamiento parecería confirmar el agrado del mercado con las políticas de Milei-Caputo, y la posición de Wall Street es unánime: el gobierno debe endeudarse ya, para aprovechar la significativa caída de las tasas, aunque aún superarían el 9% anual en dólares.
Pero, como siempre, no es oro todo lo que reluce. Si bien en el gobierno celebran la caída del riesgo país y los beneficios financieros consecuentes, en privado temen lo peor: que sólo se trate de una trampa cazabobos para garantizarse beneficios excepcionales a corto plazo y marcarle la cancha al próximo gobierno, cualesquiera que sea su sello político.
En efecto, las tasas del 9% anual en dólares son excepcionales en el mercado internacional. Una vez tomada esa deuda tan gravosa y por un monto tan elevado, los mercados podrían poner en duda la capacidad de pago de nuestro país, y más aún si existiesen sospechas de una eventual victoria del pan peronismo en las presidenciales de 2027. De este modo el riesgo país se dispararía nuevamente y quien se haga cargo del próximo gobierno debería cargar con las consecuencias de esta decisión, en un contexto hostil de los mercados y con una economía real mucho más deteriorada.
El gobernó duda ante la decisión a tomar. Si los mercados alientan el endeudamiento de buena fe, podrían proveerlo de la llave para la reelección, pero si conspiran y provocan la corrida financiera, emitirían simultáneamente el certificado de defunción para esa alternativa.
Y, en confianza: ¿alguien podría creer en la buena voluntad del mercado?
¿Qué hacer ante la baja del riesgo país?
