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El viaje

Jul 12, 2023

El viaje. La comitiva argentina irá dispuesta a dar dura batalla con el FMI
Finalmente, la comitiva argentina viajará este miércoles a Washington, compuesta por el Viceministro Gabriel Rubinstein, el Jefe de Asesores Leonardo Madcur, el Vicepresidente segundo del Banco Central, Lisandro Cleri, y uno de los Directores de la entidad monetaria, Jorge Carrera. Será el primer encuentro presencial con el nuevo Director para el Hemisferio Occidental del FMI Rodrigo Valdés. Los espera una dura semana de trabajo en la que estará en juego mucho más que la deuda argentina.
Los funcionarios argentinos sabe qué les espera: la insistencia del FMI de adoptar medidas de austeridad mucho más dura de la que ya vienen aplicándose desde hace tiempo. En plena competencia electoral, el Ministro Sergio Massa no está dispuesto poner en juego la actividad económica ni generar la brusca devaluación, con la consiguiente caída en los ingresos de la mayoría de los argentinos, que la entidad exige para afrontar el irracional endeudamiento que nos impuso Mauricio Macri, con el respaldo de la entonces Presidenta del FMI, Christine Lagarde, y del ex presidente norteamericano Donald Trump, violando groseramente los estatutos del FMI.
Ya no están ni Macri, ni Lagarde, ni Trump en esos cargos. Lo único que subsiste son sus consecuencias para los argentinos.
En las expectativas del Ministerio de Economía está la obtención de unos U$D 2000 millones en fondos adicionales, más los reembolsos estipulados. Además se espera que, a partir de ahora, la fiscalización del FMI pase a ser anual, en lugar de trimestral, y que no se apliquen sanciones por los incumplimientos de metas del primer semestre de 2023, causados por la terrible sequía que privó a la Argentina de U$D 20.000 millones en concepto de exportaciones.
Otro de los puntos a discutir es la petición argentina de elevar la meta del déficit fiscal anual al 2,5% del PBI, en lugar del 1,6% que exige el FMI, y de la que parece no querer moverse a pesar del grave impacto de la sequía sobre la actividad económica y la recaudación. Tal vez podría acordarse mantener el 1,9% dispuesto en el acuerdo original, pero ambas partes tienen en claro que implicaría una fuerte restricción del gasto público casi imposible de cumplir en un año electoral.
El Ministro Sergio Massa anunció el domingo pasado en Saliqueló que “estamos muy cerquita de ponernos de acuerdo con el FMI”. Y esa misma noche amplió en una entrevista televisiva: «El cepo más grande que tiene la Argentina es la deuda con el FMI. Ese cepo te limita demasiado. Y encima vino la sequía después, que, de un día para el otro, nos sacó u$s20 mil millones de los U$D 100 mil que íbamos a facturar como país.»
Los tres vencimientos de julio con el FMI ascienden a U$D 2.600 millones, y el gobierno argentino planea abonarlos de manera unificada, tal como hizo con los de junio, cuando, de manera creativa, se utilizó un remanente de Derechos Especiales de Giro por el equivalente a U$D 1700 millones que quedaban en las reservas y yuanes “de libre disponibilidad” que se obtuvieron por el intercambio de monedas con China por U$D 1.000 millones.
Pese a la voluntad de pagar que expresó nuestro país, aún en las condiciones excepcionales que impone la sequía, el FMI mantiene sus duras exigencias, sin hacerse cargo de la parte de responsabilidad que le cabe por el desmesurado préstamo acordado a Mauricio Macri, sobre el que además no ejerció control alguno, por lo que terminó dilapidándose por la canaleta de la fuga de divisas.
Así las cosas, Sergio Massa actuó con determinación. Avanzó en conversaciones con Egipto –el país más agobiado actualmente por las exigencias del FMI- y obtuvo, además, una comunicación formal de China al organismo de crédito internacional, en la que anuncia su disposición a aprobar que los yuanes prestados a nuestro país puedan aplicarse al pago de nuestros compromisos con el Fondo.
De este modo, la potencia asiática asumiría el papel de prestamista de última instancia que hasta ahora venía asumiendo el FMI, lo cual permitiría poner en duda la propia razón de su creación, tras la Segunda Guerra Mundial. Y es que el FMI viene tomando decisiones muy cuestionadas en los últimos años, que se agravan en un contexto de redefinición geopolítica.
Más allá de gestos y declaraciones, tanto en el Ministerio de Economía como en el FMI tienen en claro que lo máximo a lo que se puede aspirar es a tratar de establecer una transición ordenada hasta fin de año, para que el próximo gobierno negocie un nuevo acuerdo con la entidad.
El problema de fondo es cuál será la tensión que tendrá el nudo que se le impondrá a la economía de nuestro país. El gobierno argentino sabe que algo deberá ceder, pero intenta postergar el entendimiento tanto como se pueda sin caer en default, para limitar su impacto sobre los resultados electorales.
El dato positivo es que, a diferencia de lo sucedido con Martín Guzmán, Sergio Massa demostró su disposición a jugar fuerte, en un contexto en el que no sólo la Argentina está condicionada. También el FMI sufre presiones y cuestionamientos muy fuertes a nivel internacional.
Por ahora, la moneda está en el aire. No habrá magia, pero tampoco sumisión. Durante algunas semanas, estaremos cortando clavos. Serán días duros, pero no es una mala noticia.