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Llegaron los muchachos mileístas

Nov 23, 2023

Para muchos Javier Milei solo era un “loquito” inestable, de quien se permitían dudar sobre su estabilidad emocional para ejercer el gobierno ante las presiones que sufriría tanto del campo popular –por las resistencias que generará necesariamente su proyecto de gestión-, como de la propia alianza electoral, entre las aspiraciones de la vicepresidenta, Victoria Villarruel, quien quiere consolidar su propio polo de poder dentro del gobierno; y las del macrismo.
Pero, hasta ahora, nada autoriza a dar credibilidad a esas especulaciones. Durante la extensísima campaña electoral primero dejó creer que era un instrumento de Massa para dejar afuera de la contienda a Patricia Bullrich, y, de cara al balotaje, que era el instrumento de Patricia y Macri para derrotar a Massa. Pero cuando el ex presidente pasó a cobrar su factura, sólo le respondió con una palmadita en la espalda y palabras de agradecimiento, y definió un gabinete en el que ninguna de los candidatos de Macri fueron incluidos. Ni Garavano se quedó con Justicia, ni Iguacel con YPF, ni Dietrich con Transporte. Sólo estaría dispuesto a designar a Luis “Toto” Caputo en Economía, y durante un plazo acotado. El comportamiento político de Milei a muchos hace recordar al de Carlos Menem.
El nuevo presidente, además, le encargo a su Jefe de Gabinete, Nicolás Posse, bajarle los humos a Villarruel, quien no esperó al balotaje para organizar un acto por su cuenta y crear su propio logo. No debe extrañar, entonces, la cordialidad del encuentro entre la vicepresidenta saliente y la entrante de este miércoles en el Senado. No las unió el amor, sino el espanto.
Por su parte, Mauricio Macri ve que su liderazgo dentro del PRO, que apareció fortalecido luego de guillotinar las aspiraciones de Rodríguez Larreta y de Patricia Bullrich, comienza a escurrírsele como arena entre los dedos. «No tenemos margen o lo apoyamos y entendemos que ahora la manija la tiene él (Milei) o terminamos partidos en mil pedazos», aceptó en off un dirigente de la primera línea del PRO. Tan es así que cuando se convocó a algún dirigente partidario, se lo hizo “puenteando” al ex presidente.
Quien también recibió una tarea estratégica fue Guillermo Francos, futuro Ministro del Interior: nada menos que la creación de un “peronismo mileista”. El diálogo con Florencio Randazzo es fluido desde hace tiempo, y sigue sonando su nombre para presidir la Cámara de Diputados, en detrimento de las aspiraciones de Cristian Ritondo. Con Randazzo llegan además Juan Schiaretti, quien sería la cabeza visible de ese espacio –aunque formalmente sería embajador en España-, y traería consigo a Rodrigo Llaryola –nuevo gobernador cordobés-. A cambio recibirían el control de la AFIP, nada menos.
Schiaretti traería consigo un amplio y diverso ejército federal, con alto impacto legislativo, compuesto por radicales y socialistas, además de peronistas. Como ejemplo basta con revisar la diferencia entre el desempeño del peronismo tucumano en cuestión de semanas, entre las generales y el balotaje, en las que pasó de ganador con autoridad a perder la elección. El gobernador, Osvaldo Jaldo, determinó un ajuste significativo en los gastos del Estado provincial, pero aún así necesita cubrir un 20% de sus gastos operativos con fondos nacionales y afrontar el pago de aguinaldos. No sería el único: la mayoría de sus pares están en situación similar.
En los escasos días que van desde el balotaje, los gobernadores ametrallaron a Sergio Massa exigiéndoles pagos atrasados y apoyos financieros. La primera reacción del tigrense fue dejar trascender el rumor de su renuncia. Después recalculó y les contestó sin medias tintas: «Empezó la transición, a partir de ahora todas las transferencias sólo se hacen con acuerdo de Milei». Es lo que decidió el soberano en las urnas.
Desbordado, Macri trató de embarrarle la cancha a Milei, exigiendo un ajuste “bestial”, “durísimo”, y convocó a los jóvenes libertarios a armarse para defender en las calles las privatizaciones y las políticas recesivas extremas. No tuvo éxito: hasta Villarruel salió a cruzarlo. Más aún, el objetivo del nuevo presidente parece consistir en “dejarle las sobras” del reparto de cargos al fundador del PRO, a quien le destinaron el apodo de «Agencia de colocaciones». Con Bullrich fueron más contemplativos: la llaman «cargolandia».
Milei tiene una clara debilidad legislativa, que pretende ir compensando con acuerdos políticos y financieros. Así conseguiría sumar a los 16 diputados que responden a los gobernadores peronistas del norte, y a buena parte de los 40 diputados que, en teoría, se alínean bajo la sombra de Mauricio Macri, pero que en su mayoría están dispuestos a abandonarlo si el trato que se les ofrezca resulta atractivo.
Con velocidad, los “muchachos mileístas” van tomando forma. ¿Podría sorprenderse alguien?