• 19/06/2024 15:22

Un gobierno a la deriva

Jun 1, 2024

El gobierno nacional está a la deriva. Sin Pacto de Mayo; con la Ley Ómnibus a la espera de la deliberación del Senado; un dólar que se disparó y que obligó a las autoridades a salir a vender divisas para contenerlo, como en los viejos y denostados tiempos del cristinismo; recambio de Jefe de Gabinete y otros varios por venir. Se gobierna gracias a un Mega DNU al que todos los especialistas calificaron como inconstitucional, por obra y gracia de una Cámara de Diputados a la que se domesticó a través de chantajes, concesiones y premiaciones. No sólo está en crisis el gobierno, sino todo el sistema institucional. Todo es caos.
En medio de la gravísima situación que atraviesa nuestro país, Javier Milei sigue con su Egotrip, viajando incesantemente por el mundo occidental para instalar su imagen y tratar de seducir a los grandes empresarios mundiales para repartirse los pedazos de una Argentina a la que no cesa de demoler para convertir en una factoría. Y ni aún así, todavía, ha conseguido resultados.
En ausencia de Milei, quien debería ocupar interinamente la presidencia es la vice, Victoria Villarruel. En el balotaje el 56% votó la fórmula presidencial completa y es la primera en la línea sucesoria. Pero la vicepresidenta tiene prohibida su entrada a la Casa Rosada, y nada hace por hacer valer sus derechos y así cumplir con sus responsabilidades institucionales. Con Karina Milei o con Guillermo Francos, el gabinete se reúne ignorándola. En el entorno del presidente la señalan como traidora y conspiradora. Ella se siente cómoda con esa definición: cree que el presidente caerá, más tarde o más temprano, a consecuencia de las catástrofes que provoca un gobierno que no funciona, ni quiere funcionar, y mientras tanto teje sus redes para el momento en el que le toque sucederlo. A punto tal que hasta tiene prácticamente armado su propio gabinete para esa eventualidad.
En su libro “Un libertario se encuentra con un oso”, el periodista Matthew Hongoltz-Hetling, reconstruye la desastrosa experiencia de un gobierno libertario en Grafton, un diminuto pueblo rural en New Hampshire en el que el sueño de un gobierno sin Estado se transformó en pesadilla. El pueblo quiso crear una “utopía libertaria” y terminó invadido por los osos, el crimen y la droga.
Los argentinos estamos transitando un camino similar. No hay GNC en la mayoría de las estaciones de servicio del país y 300 de las principales industrias han debido apagar sus máquinas por la falta de gas. La destrucción del aparato estatal hizo que el gobierno no se ocupara de prever una situación que venía anunciándose desde principios de año: directamente no le importaba. Por no invertir U$D 12 millones tendrá que erogar U$D 500 millones para conseguir aprovisionamiento a través de barcos cargueros, a un precio sideral. Con 12 millones se solucionaba el problema definitivamente; con 500 sólo podremos pasar el invierno. Adicionalmente, la primera compra de gas por este sistema fracasó: no estaban los dólares para completar la operación. ¿No hay plata?
La destrucción del Estado que ha emprendido Milei significa que no se haya previsto ni vacunado contra el dengue; que no haya habido fumigación; que no haya cloro para el agua corriente; que tampoco los ferrocarriles tengan mantenimiento, ni se reparen las rutas; tampoco lo tienen los colectivos, debido a los recortes en los subsidios; y hasta ha decidido apelar el ultimátum del juez Cansanello para repartir inmediatamente las mercaderías adquiridas por el gobierno anterior para los Comedores populares. Todos estos recortes nos ponen en las puertas de la catástrofe, mientras que el presidente hace shows en el Luna Park y no detiene su gira permanente por el mundo. Todo eso, “con la nuestra”.
La Argentina está bailando sobre el Titanic. El iceberg la impactó hace tiempo, y en lugar de tratar de repararlo el gobierno actual se ha empeñado en multiplicar el daño. Por más que suene muy atractivo para algunos, no puede funcionar una sociedad sin Estado. La experiencia de Grafton debería ser capitalizada: o se imprime un inmediato cambio de orientación a la gestión de gobierno, o nos comerán los osos.