• 27/05/2024 22:16

Debate e interrogantes

Oct 9, 2023

 

Si bien puede cuestionarse cuál podría ser el impacto de un debate presidencial armado como show mediático, sin tiempo ni contexto para el desarrollo de propuestas ni cruces más prolongados entre los competidores, los indicadores de encendido –que se ubicaron alrededor de los 40 puntos de rating en los dos eventos realizados- demuestran que existe un interés acuciante, de una parte de la sociedad al menos, por asistir a la interacción entre las opciones disponibles. Podrá argumentarse, y con razón, que la vez que más cambios en la decisión de voto que registraron en la Argentina fue de un 1,8% de los votantes, o que ese 40% remite a quienes ya votaron y tienen decidida su elección. Lo que no se puede es pasarlos por alto.

Haciendo una evaluación de las perfomances de cada candidato, no caben dudas de que el que salió mejor parado fue Sergio Massa. Fue el único que exhibió una postura presidencial y un conocimiento de las problemáticas y los números concretos a nivel nacional, y consiguió “salvar la ropa” con dignidad a pesar de la pesada mochila que significa ser el Ministro de Economía en las condiciones actuales. Salió muy favorecido de sus cruces con Javier Milei, y si no hundió más el cuchillo con Patricia Bullrich fue, simplemente, porque precisa que la candidata de JxC no termine de hundirse y que sus votos vayan al libertario, que así incrementaría sus chances de una victoria en primera vuelta.

Un logro significativo del candidato de UxP consistió en su insistencia en lanzar frases, slogans y consignas breves y contundentes, sumamente apropiadas para su viralización en las redes sociales. También se destacó al momento de interpelar a los distintos actores sociales que componen a nuestra sociedad, al defender al colectivo de mujeres de los ataques misóginos de Milei o al destacar que Bullrich sólo se preocupaba por gritar y amenazar, sin formular propuestas concretas ni responder a las preguntas que se le realizaban.

Por el lado de los candidatos minoritarios, Bregman se notó un poco menos afilada que en el primer Debate; en tanto que Schiaretti siguió representando el papel de Secretario de Turismo de Córdoba, aunque fue el único de los cuatro –exceptuado Massa- que demostró experticia de gestión. No movieron el amperímetro.

Finalmente queda la dupla Milei-Bullrich. En el caso del libertario tuvo un desempeño decepcionante. No mostró datos sólidos, insistió en negar el cambio climático, fue innecesariamente agresivo en ocasiones al referirse a las minorías, sus expresiones mientras le respondían sus competidores sólo lo ridiculizaron y quedó mucho más en evidencia su ignorancia supina sobre todo el amplio espectro de problemáticas que no son específicamente económicas. La candidata de JxC sobreactuó la recomendación de mostrarse dura, confundiendo énfasis con amenazas y expresiones autoritarias. No respondió a una sola pregunta de las que se le formularon, y su receta mágica para todo fue “terminar con el kirchnerismo”. De todos modos, salió mejor parada que en el primer debate. Su apuesta apuntó a evitar una mayor fuga de votos y a tratar de sumar algunos de los de Milei. Pero ambos demostraron su precariedad como estadistas y confirmaron las dudas sobre su capacidad para administrar el país que heredarían en caso de resultar vencedores.

El segundo Debate no dejó mucho más que eso. Si tendrá influencia o no en el voto de los argentinos lo sabremos el 22 de octubre. Por ahora, todo indica a suponer que los telespectadores se limitaron a ver en escena al candidato que ya eligieron. Y, en este sentido, nadie salió decepcionado.