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Los dilemas de Javier Milei

Oct 23, 2023

El resultado de las elecciones generales fue un duro golpe para Javier Milei y un entorno que se mostraba seguro de obtener la victoria en primera vuelta. No sólo Sergio Massa le pasó el trapo, sino que su porcentaje de votación fue inferior al de las PASO. Sus provocaciones, agresiones y, sobre todo, su derivación de libertarismo a fascismo explícito, tanto del candidato como de sus más allegados, fueron demasiado para una sociedad argentina que comprendió que era hora de tomar en serio sus dichos. Dejó de ser un “loquito” para convertirse en una amenaza.

Tampoco le ayudaron sus incoherentes explicaciones sobre la dolarización. La corrida que su entorno financiero provocó antes de las generales comenzaron a dejarle en claro a la sociedad adónde pretendía conducirla en caso de llegar a la presidencia, sobre todo al regocijarse de la devaluación de un peso que “no servía ni como excremento” y no conseguir separarse de las denuncias sobre su responsabilidad en la conspiración financiera.

Como en un pase de magia, de pronto saltaron a la luz de la consideración social adónde nos llevaban los vouchers educativos, la libre portación de armas, la venta de órganos o de bebés, la cesión de Malvinas a Gran Bretaña, su odio irracional hacia la Iglesia Católica y su reivindicación del negacionismo y del Terrorismo de Estado.

El domingo a la noche, sin poder contener del todo bien su odio visceral por el resultado obtenidos, se dedicó a tratar de seducir a quien llamó “asesina montonera” y a un Mauricio Macri a quien denostó durante mucho tiempo hasta que descubrió que le resultaba más útil el coqueteo mutuo.

La sociedad civil, además, desconfía de sus desequilibrios psíquicos, de sus ideas contrarias al sentido común y las convicciones de los argentinos, y de su negación a reconocer los méritos de la democracia. No hizo falta que nadie dijera demasiado: sus propios archivos y apariciones públicas son más que suficientes.

¿Qué debería hacer ahora Milei? La sociedad y el sistema bancario le dijeron que no a la dolarización y la eliminación del Banco Central. Con su alianza con Luis Barrionuevo y su propuesta de alianza de cara a las PASO con el PRO demostró que su condena a la “casta” carece de fundamentos. ¿Deberá insistir con su programa original para tratar de retener a sus votantes, o adoptar una versión más previsible y clásica que, aunque le permita acercarse al votante tradicional de JxC pondría en riesgos a los sufragantes con los que ya cuenta?

El dilema de hierro, en definitiva, consiste en saber si le conviene “morir con las botas puestas”, manteniendo su programa, para tratar de liderar a la oposición en los próximos cuatro años, o dar un giro oportunista que no le garantiza la victoria y, ni siquiera, el reconocimiento de su coherencia con un ideario que para la mayoría resulta aborrecible, pero es el suyo, con el consiguiente riesgo de entrar en un proceso de atomización y fragmentación de La Libertad Avanza luego del ballotage.

Javier Milei debe reflexionar: ¿salto al vacío o seguir con vida y construir como una fuerza tradicional a futuro, a partir de lo que ya cuenta?